Hoy desperté, sábana en el piso. Camilo estaba pegado entre nosotros dos, el cabello húmedo. Calor. Nadar. Fueron mis primeros pensamientos, la primera manifestación de mi voluntad. Salí con prisa en bici. La playa estaba vacía. Entré sin dificultad. Me acostumbré a esta frescura. 20 grados quizá. Nadé, con movimientos largos. A cada respiración, una ola de felicidad. Lograr estar en el movimiento, en el agua, dejar de preocuparme por nimiedades. Las durezas del invierno toman sentido. La alegría tiene solidez, es dura como una roca. Ya pasó. Pasó el invierno. Veo, de nuevo, el campo infinito de los posibles.