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Mostrando las entradas con la etiqueta Arturo

El final, el principio

Restos, Torres del Paine, Chile      Agnés:      Mañana es mi cumpleaños cuarenta y cinco. Quizá sea esta marca arbitraria, o, tal vez, la consabida melancolía cumpeañera, las que me llevan hasta un lugar común: al final, vamos a morir.      Nuestra existencia: esta inexplicable casualidad cósmica, este destello entre oscuridades. Pero una cosa es comprenderlo en abstracto, y otra, es vivenciar el vértigo que entraña esa certeza.      Quizá el sitio donde yo he tenido la intuición más clara de esta precariedad sea la experiencia amorosa: lo imprescindibles que me resultan aquellos a quienes amo; la imperante necesidad de cercanía que experimento; el desgarramiento que he sufrido cuando una separación se ha hecho inevitable.      En el camino he terminado por aceptar que nada puede ser retenido: aquello a lo que nos aferramos corre el riesgo de morir asfixiado. La discontinuidad es necesaria...

La ciudad

Bogotá desde la Calera, Colombia      Agnés:       Este proyecto epistolar está salpicado de tu vida en la isla. Concibo a veces la vida en la isla como una extensión de la vida nómada del viaje. Idealizo la naturaleza, el aire limpio, la vida sencilla y el tiempo para lo que importa. Es imposible no pensar que esa vida está impregnada de libertad.      Confieso, sin embargo, que yo estoy hecho a la vida de la ciudad. Me gusta sentarme en los cafés. Disfruto los parques y los restaurantes. Y los puestos de tacos y quesadillas. Y el mercado. Y los comercios y los cines y el teatro. Me gusta caminar las calles de ciertos barrios, sus casas y sus árboles.      Desde luego sé que la ciudad no vive esta vida mía que disfruto, en buena medida, porque he logrado circunscribirla a un área de treinta calles al cuadrado (¡una isla!). Para la mayoría de la gente, la ciudad es acelerada, caótica, abigarrada, asfixia...

Romance con la pelota

Granada, Nicaragua      Agnés:        Mi infancia no tuvo tanto que ver con dragones, piratas y exploradores. Lo mío fue la radio, la bicicleta, y, sobre todo, la pelota. En medio de la fiebre futbolera del mundial, recién leí la "Carta a mí mismo de pequeño" de Edinson Cavani, delantero de la selección uruguaya. ¿La has leído? En ese texto se respira la misma esencia de la frase de Bachelard con que cerraste tu última carta.      Del futbol lo que más recuerdo son unas cascaritas de mi infancia y adolescencia en la cancha del Timbirimbo. Un campo en un sitio improbable --en medio de un claro de bosque-- en donde, en vez de espectadores, hay enormes árboles.      Mi papá tenía la costumbre de retar a los lugareños a jugar contra nosotros. Jugábamos, cada vez, mi papá, Carla, Carlos, Ernesto y yo contra siete u ocho jóvenes que nos sacaban varios años y centímetros. Los Peón contra el resto del mundo. Aquellos jue...

Los recuerdos del porvenir

Capilla de San Felipe de Jesús, Septiembre 1946, México D.F. Querida Agnés:      Va adaptándose lentamente a la rutina del retiro. Escucha misa todos los días en la Medalla Milagrosa. Desayuna por cincuenta pesos en El sabor de mi tierra. Estudia cine y literatura autobiográfica en la Universidad de la Tercera Edad y aún dicta cátedra los sábados por la mañana en la Facultad de Ingeniería.      Hoy me invitó a desayunar. Me contó que recién encontró en una caja, en la bodega de la azotea, los tres números de Los recuerdos del porvenir , el periódico familiar que editó hace más de veinticinco años. Café en mano, leímos juntos sobre el pasado de la familia en Mérida, las haciendas, el negocio de henequén, las nanas mayas, los trajes de lino y las siestas en hamaca. Leimos que los abuelos se conocieron en la fiesta de la prima Eldita; que estuvieron separados meses, cuando sin que el abuelo lo supiera, la bisabuela mandó a su hija a un internad...

Walking away

Papá, Ciudad Universitaria, México "Sucede que me canso de ser hombre" Pablo Neruda Agnés:      Quedamos de encontrarnos para escuchar cuentos. Llegué a la cita un poco antes, cuando él todavía no me esperaba. Sin proponérmelo me encontré frente a una versión de tu ejercicio de escritura: Mirar por un momento a alguien que no advierte mi presencia. Escribir sobre esta vigilancia.      Este rostro me traspasa.      Lleva un dolor a cuestas.      Hay una zona apagada de su espíritu.      Hay una grieta por la que a ese cuerpo se le escapa la energía.      A ese hombre se le perdieron años y le sobran horas.      Pá. Papá. Me conmueve verte recargado en esa pared como si fueras un niño extraviado. Estoy tan cerca y sin embargo no notas que estoy frente a ti. Puedo tocar tu cansancio, tu soledad, tu tristeza.       Aquí estoy. Aquí...

Zeitgeist

Chicago, Estados Unidos Agnés:      No sólo México se consume en el horror.      La sala de conciertos de Bataclán en París, la terminal aérea de Bruselas, un tren en Múnich, un desfile en Niza, un sábado por la noche en un bar de Orlando. Cinco notables actos de violencia arriban a mi memoria, sólo en este lado del mundo, en los últimos años. Cinco marcas de terror que iluminan otro ámbito más --¡ay, cuántos!-- en el que la humanidad se quiebra: una facción del islam en guerra contra occidente.      ¿Qué tiempo nos ha tocado vivir en el que es preciso considerar seriamente la posibilidad de que, en unos años, los globos de estos niños inmigrantes mutarán en inmerecidas esposas y paños de sangre, si devienen víctimas; o hachas y Ak47´s, si el azar les asigna el papel de victimarios? Abrazos perplejos, Arturo.

Ellas

Parada de camión, Tepoztlán, México Agnés:      México se desangra en una contabilidad siniestra: Tres estudiantes de cine ejecutados y disueltos en ácido, hace apenas un mes, en Jalisco; cuarenta y tres normalistas incinerados en un basurero en Guerrero hace tres años; cien candidatos a cargos de elección popular asesinados a lo largo y ancho del territorio, cuando faltan cincuenta días para la elección; ciento cuarenta mil víctimas en la guerra contra el narco en lo que va del sexenio; cientos de miles de desaparecidos.      Por cada uno de esos que ya no están hay una madre, una esposa, una hija. Temerosas, vigilantes, cansadas, indignadas, hartas.       Despojadas. Desesperadas. Decididas.      Tienen, por todo tener, un voto. Escasamente algo más. La elección es el último resquicio de espacio que les queda para que su voz sea escuchada. Lo saben. Y no piensan desperdiciar su opo...

Ellos

Plaza principal, Tepoztlán, México Agnés:      Ellos son los que quedan.      Los que sobrevivieron al deterioro del campo y al desempleo. Los que no se fueron. Los que se libraron del narcotráfico, de las fosas clandestinas, de los ajustes de cuentas y las balas.      Viven de lo que aún le arrancan a la chacra, de los dólares que les mandan del otro lado, de lo que de tanto en tanto se reparte, y, como todos en este país, de lo que con suerte salpica...      No esperan demasiado. Se conforman con que nadie los moleste. Con los ratos que en los domingos se sientan serenamente a perder el tiempo entre amigos. Les quedan sus historias, las que escucharon de los viejos. Una memoria de otro tiempo.      Las elecciones les tienen sin cuidado. Han visto pasar de todo. Les da lo mismo el color del partido, pues a estas alturas saben que todos son iguales. Han terminado por aceptar, trágicamen...

Semiótica de campaña

Managua, Nicaragua, 2008 Agnés:      La máxima de Lord Acton -- el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente -- se cumple con pasmosa regularidad.      Así ha ocurrido con Daniel Ortega, quien ha venido sumando nuevos capítulos al realismo mágico de la historia política de Latinoamérica, al nombrar a su esposa como vicepresidenta, defraudar el dinero de las pensiones del estado y lanzar a la policía a las calles para reprimir las protestas pacíficas de los estudiantes.      ¿No te parece desesperante presenciar la manera en que Ortega ha devenido Somoza?      ¿No te parece desconsolador que este despojo ocurra, no ya por la vía de la violencia dictatorial, sino por defecto de la democracia?      ¿No te parece desgarrador que sean los amados pobres del mundo -- ejército incauto de votos cual balas--, los que en cada nueva elección decretan la revocación definitiva del ...

Todos somos Jara

Bogotá, Colombia      Querida Agnés:      Llegan todos al unísono: músicos, juglares y cirqueros. Hacen de la plaza su escenario. La llenan de vértigo, de cantos. Porque sí, porque es domingo, porque el cuerpo goza, porque el sol calienta y la brisa refresca. Porque somos nosotros y la vida no espera.      Pero alguien se queja. Alguien que se cree dueño de la plaza. Alguien que sostiene que no hay espacio para los diferentes: los tatuados, los zarrapastrosos, los comunistas, los maricas y los que se besan en la calle con desparpajo.      Los policías no tardan. Desalojan. Y ahí, en plena rebambaramba, uno lanza su protesta: traza en el aire un blanco arco malabar con su consigna libertaria.      Pienso que es cierto: "los tiranizados por su propio yugo buscan su liberación sometiendo al otro, de ahí que los espíritus libres les sean tan amenazantes".      Vienen a m...

Ir al fin del mundo

Faro del fin del mundo, Canal del Beagle, Chile Querida Agnés:      Hay un momento en que los amantes, impregnados de sentimiento, declaran su deseo de ir juntos al fin del mundo.      No hablan de forma metafórica. Se refieren, literalmente, a la última frontera. Un lugar donde no habría otra cosa más que ellos, sin distracción, sin interferencia, sin espera de algo más. Un escenario para ser, completamente, uno del otro.      Acaso haya quien desacredite este impulso como una fantasía romántica. Yo no. Digo que sólo es posible el amor que se sueña a sí mismo con desmesura.  Abrazos, desde un sitio que no es para cualquiera.  Arturo. 

"¿Encontraría a la Maga?"

Bogotá, Colombia Agnés:      Me gusta lo que dices sobre cómo Call me by your name te permitió reconocer en ti los sentimientos de la experiencia de un gran amor. Suscribo lo que ahí propones: cada historia de amor nace y se desarrolla atravesada por la sensibilidad de su tiempo. El destino de una relación depende tanto de la hondura del deseo de los amantes, como de las circunstancias que la contienen.      La manera en que hablas de la película me lleva arbitrariamente a Rayuela. En mi mente está grabada con fuego la voz de Cortázar recitando con su acento franco-argentino el capítulo siete:        "Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, j...

Los dioses deben estar locos

Santiago Atitlán, Guatemala Agnés:      El pequeño pueblo, la gran ciudad; ser nómada o sedentario; definirse frente a la otredad; regodearse o asfixiarse en lo propio; acogerse a lo real cotidiano o aspirar a lo desconocido tan proclive a la idealización. En tus Pueblo Chico y Un gran viaje habla por todos lados la inquietud identitaria cuya marea periódicamente te inunda.       Quizá no sea azaroso que en el proceso de aprehender el contrapunto del que hablas en tus cartas haya vuelto a mí esta estampa. ¿Se lee en la tensión de dos mundos que se encuentran la señal de un dios benevolente o la maldición de un ángel distraído?       Regreso a la imagen. Para estas niñas todo se resume en la emoción de saltar tomadas de la mano. ¡Qué maravilla sería poder desenterrar de la memoria el momento justo en qué por primera vez volamos ligeros sobre una cama elástica, y poder plantearnos cada recomienzo desde ese sitio de...

La hora del pan

Antigua, Guatemala Agnés:       ¿Se vive el amor igual en todos lados? ¿Son sus signos semejantes en cada cultura?      ¿Es universal el lenguaje de los ojos que se encienden, de los cuerpos que se inclinan?      ¿Sienten ellos igual que yo he sentido: una mudez, un mareo, una alegría, un golpe?      ¿Nos pasa igual a todos que, cuando estamos finalmente juntos, el mundo que gira alrededor desaparece, irrelevante?      ¿Cómo ocurre para cada uno ese tránsito de quien un día es distante, ajeno, y al día siguiente se nos vuelve imprescindible como el aire? Abrazos a la hora del pan, Arturo. 

Mesa para dos

Roatán, Honduras Agnés:       ¿Por obra que qué misterio llega el día en que nada - nada - es más importante que descubrir quién está destinado a sentarse ahí, a esa hora, del otro lado de la mesa?      ¿De qué estamos hechos los seres humanos que conseguimos trenzar el crepúsculo, el fuego de una lámpara y el olor a sal de mar, con la química del vacío en las entrañas, la representación simbólica del otro, la abstracta idea de la alegría y las letras que forman la palabra amor ?      ¿En qué momento exacto del encuentro adquirimos la certeza de que ese día vale tanto o más que nuestra existencia entera, y que aún, si esa misma noche llegara la muerte, todo habría valido la pena?      Pienso en Jeanne. A mí también, de tanto en tanto, me gustan puras historias de amor... Arturo.

Viejo Cien Quetzal

Sacatepéquez, Guatemala Agnés:      Me acerco al viejo para pedirle permiso de fotografiarlo. De algún sitio remoto me viene la idea de que hay etnias que aborrecen la cámara, pues piensan que una fotografía puede robarles el alma. El hombre acepta en silencio. Su rostro permanece inmutable.      Mientras su mirada se impregna en la mía, me pregunto cómo habrá sido su vida. ¿Cuántos fríos han curtido su piel? ¿Qué vicisitudes guardan sus arrugas? ¿Debajo de cuántas hambres está enterrada su risa de infancia?      ¿Qué pensará él de mi? ¿Cómo se explicará mi interés por su imagen? ¿De qué emociones se pueblan las múltiples distancias que nos separan?      Termino. Sonrío. Hago una leve seña de gratitud. Me despido. Apenas doy la vuelta para irme, me llama en un español titubeante. Su actitud revela, sin embargo, que está trágicamente habituado a la frase que me lanza: "Señor, son cien quetzal...". Artu...

Detenerse

Agnés:      Doce balazos. De ese tamaño el diagnóstico que acaban de entregarme sobre mi vieja rodilla futbolera.      El doctor afirma que, aunque no lo sienta ahora, esa rodilla me tiene reservada mucha amargura. Si quiero esquivar ese sufrimiento, algún día tendrán que implantarme una prótesis. Por lo pronto, en los próximos nueve meses, debo someterme a dos operaciones para estabilizar la rodilla y parar el daño.       Puedo lidiar con el fastidio de las operaciones. Puedo lidiar con la frustración que todo esto me provoca. Sin embargo, lo que me está costando llevar a cuestas es la certeza de que nunca más podré echar una cáscara o patear una pelota.      Disfunción y enfermedad escriben con el lenguaje de lo definitivo. El ´nunca más´ es un antídoto potente para disolver la omnipotencia. Puede sonar exagerado, pero hasta cierto punto vivo esto como si un fragmento fantasmal de mi propio cadáver se me hu...

Yin - Yang

Montevideo, Uruguay Agnés :      Me intriga el enigma de los sexos.      Nos buscamos. Nos atraemos. Nos acercamos. Nos preguntamos. Nos tocamos. Nos hablamos. Nos impregnamos. Nos espantamos. Nos alejamos. Volvemos a empezar.      Hombres y mujeres: Tan lejos. Tan cerca...      Cada nuevo encuentro nos confronta: ¿Conseguiremos convocar suficiente coraje para para tocar el deseo, el fuego, el fondo del mar? ¿Lograremos estar presentes y abiertos para que se expresen y se entrañen los respectivos misterios?      Cuando al final salgamos de la órbita del otro, ¿se habrá transformado nuestra sustancia? ¿Estará nuestro contorno delineado con mayor profundidad? ¿Comprenderemos un poco mejor las formas en las que el universo opera? Abrazos tan lejos y tan cerca, Arturo

Mis niñas

     Agnés:       Levanto a Paloma en mis brazos y le digo “Pájaro, ¿Quién es mi pájaro?”; “Me…”, contesta . Luego, mientras la cargo, distraído,  se lanza en un arco para atrás, hacia el vacío. Hago malabares para evitar que se parta en dos. S e muere de risa de mi cara de susto. Me dice: “ ¡ Again! ”. Ella no tiene duda de que la cacharé, cada vez. Su confianza me deja asombrado y perplejo.        Florencia se trepa cual chango en mis hombros. “ Taxi ”, dice. Ella también asume que la llevaré, no importa cuan lejos la distancia. O a los cuatro años ´ gravedad´ y ´peso´ aún son nociones abstractas, o bien, los niños de esa edad son ajenos a la empatía. Me he resignado además a la calvicie prematura: mi p elo hace las veces de brida o volante.      Basta con que Florencia se siente sobre mí, para que Paloma proteste: “¡No, me!”, grita con estridencia. Otras veces dice: “ ¡...

Reguek

El deseo del hombre es el deseo del otro   Jaques Lacán Agnés:      Yo le digo que tiene sangre de elfo. Que nació en otro planeta. Se lo digo medio en serio, medio en broma, cuando nuestras diferencias nos conducen a algún desencuentro. Después de varios años, a pesar de mi racionalismo materialista, he llegado a aceptar que tiene cierto don para la comunicación esotérica.      Cuando era pequeña, Reguek era su mejor amigo. Un niño travieso, libre. Se desvelaba por las noches y nunca hacía la tarea. No recogía su ropa, ni tendía su cama, y cuando no quería ir a la escuela, se quedaba en pijama en la casa todo el día, viendo televisión. Él podía hacer todo lo que a ella no le permitían.       Años más tarde conoció a Capitan George , un niño juguetón y aventurero que saltó la barda de su casa en Cotopaxi y le prometió que la visitaría siempre que ella lo deseara.  En el sentimiento cálido que ondulaba en la v...