Querido Arturo, Aquí duermo bien. Aunque todo se mueve constantemente alrededor mío -olas, viento, nubes-, la tierra, bajo mis pies, es firme. Respiro. Hoy, escuché -después de dos años de intentar- el primer movimiento de la sonata Arpeggione de Schubert. Lo escuchaba mi madre en sus últimas semanas de vida, constantemente. Quiso que esta pieza acompañara su cuerpo en la iglesia. Encontré esperanza, caminos inexplorados, enigmas, respuestas. Uno se tarda. Paciencia, paciencia. Los foros de mis seminarios en línea, Arturo, se han transformado en un espacio bello, vivo, conmovedor. Leo testimonios tristes, fuertes, compasión, humor, determinación. Veo crecer un espíritu que tengo ganas de abrazar para darle consuelo. Diario hemos hablado con amigos, familia, en México. Sus voces cansadas, veladas. Siento electricidad en el aire, manos sudadas. Rabia. Frustración. Tristeza. ¡Nuestros barrios, amigos, hermanos! Descansen en paz. Des...