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Mostrando las entradas con la etiqueta México

Los recuerdos del porvenir

Capilla de San Felipe de Jesús, Septiembre 1946, México D.F. Querida Agnés:      Va adaptándose lentamente a la rutina del retiro. Escucha misa todos los días en la Medalla Milagrosa. Desayuna por cincuenta pesos en El sabor de mi tierra. Estudia cine y literatura autobiográfica en la Universidad de la Tercera Edad y aún dicta cátedra los sábados por la mañana en la Facultad de Ingeniería.      Hoy me invitó a desayunar. Me contó que recién encontró en una caja, en la bodega de la azotea, los tres números de Los recuerdos del porvenir , el periódico familiar que editó hace más de veinticinco años. Café en mano, leímos juntos sobre el pasado de la familia en Mérida, las haciendas, el negocio de henequén, las nanas mayas, los trajes de lino y las siestas en hamaca. Leimos que los abuelos se conocieron en la fiesta de la prima Eldita; que estuvieron separados meses, cuando sin que el abuelo lo supiera, la bisabuela mandó a su hija a un internad...

Walking away

Papá, Ciudad Universitaria, México "Sucede que me canso de ser hombre" Pablo Neruda Agnés:      Quedamos de encontrarnos para escuchar cuentos. Llegué a la cita un poco antes, cuando él todavía no me esperaba. Sin proponérmelo me encontré frente a una versión de tu ejercicio de escritura: Mirar por un momento a alguien que no advierte mi presencia. Escribir sobre esta vigilancia.      Este rostro me traspasa.      Lleva un dolor a cuestas.      Hay una zona apagada de su espíritu.      Hay una grieta por la que a ese cuerpo se le escapa la energía.      A ese hombre se le perdieron años y le sobran horas.      Pá. Papá. Me conmueve verte recargado en esa pared como si fueras un niño extraviado. Estoy tan cerca y sin embargo no notas que estoy frente a ti. Puedo tocar tu cansancio, tu soledad, tu tristeza.       Aquí estoy. Aquí...

El corazón de la política

Extrañamente estamos más pendientes de la política mexicana que de la francesa. Es un espacio nuestro, privado, intenso. Me pregunto si el país sigue de pie, si sigue funcionando, si son sus últimas respiraciones. La tensión es tal entre lo inimaginable que sigue sucediendo y la racionalización de esta violencia que es difícil encontrar caminos para la resolución de la situación del país. Por un lado, una parte de los ciudadanos busca entender lo imposible, por otra, el grupo de los que siguen violentando el país. Cada semestre, en la universidad donde trabajo en México, un estudiante propone una tésis sobre la política mexicana contemporánea, las nuevas conceptualizaciones de la violencia, la narcodelincuencia, la relación dramaturgia-narco-secularización. El esfuerzo por querer entender es lo que nos protege de la desesperanza total. Encuentro imposible entender, imposible resolver. ¿Qué podemos hacer?

Altar de muertos

Palacio Municipal, Tepoztlán, México Agnés:      Mientras atestiguas la mezcla de temor y reverencia que acompaña a la mujer del catamarán cada vez que regresa a la isla, en Tepoztlán se extraña la ligereza del humor de catrinas y calaveras con el que suele vivirse el día de muertos. Frente al Palacio Municipal la muerte se ha instalado con un halo siniestro.      Tu Día de Muertos me hizo darme cuenta de cuán poco pienso en mis muertos. Hay quizá algo en la forma en que se fueron que me dificulta ligar su memoria al naranja encendido del cempasúchil o al arenoso tacto del pan de muertos:            Mauricio, el hermano de mi mejor amigo de la infancia, se suicidó cuando tenía doce años y yo apenas dos años más. Aquella mañana en que sonó el teléfono en mi casa y mi mamá recibió la noticia con un aspaviento, me enfrenté, acaso por primera vez, a la experiencia de lo incomprensible. En el velorio me puse al l...

El jardín de la felicidad

Florencia y Camilo, Tepoztlán, México Agnés:        Leyendo tu Jabón de la felicidad se me ocurre que nada hay de arbitrario en el hecho de que la religión judeocristiana haya concebido el paraíso como un jardín: verdes praderas, aire fresco, sol, manantiales, criaturas, matas, flores, hombre y mujer. Y manzanas, nueces e higos.           Y bancas para sentarse a ver pasar el tiempo, y crayones de colores y lienzos para ensayar formas traviesas y libros queridos para leer sin prisa.      El que el aroma de Rosa Venus habite ya en la mente infantil de Camilo, da sentido a la idea de que como papás, acaso no hay tarea más importante que construir para los hijos un "jardín de la felicidad": un sitio en su interior --una memoria, un núcleo sagrado--, al que puedan regresar siempre para recobrar el aliento, reencontrarse con lo esencial y transitar con confianza la vida.      Sin duda: tan...

El mismo sitio, el mismo día

Gabriel Mancera y Eugenia, CDMX, México. Queridos:      Esta carta irrumpe en la cadencia de idas y vueltas que acordamos para este ejercicio. Pero la normalidad que prevalecía hasta la semana pasada ha sido quebrada por el temblor que partió la ciudad, justo el 19 de septiembre, como si una sincronía siniestra operara el universo. Así que abierta una grieta en la cotidianidad, vengo aquí a ponerle palabras al espanto, en franco acto de subsistencia...      Estaba fuera del país cuando tembló. Y a pesar de que "los míos" la habían librado, para la noche de ese mismo día me encontraba asfixiado en mi cuarto de hotel: perplejo, preocupado, y, a la distancia, con una tremenda sensación de impotencia y exclusión. Transitando el insomnio conseguí discriminar que todo eso que sentía tenía más que ver con la reemergencia del fantasma del 85 que con la catástrofe que palpitaba a esas horas en las calles de la ciudad.      En aquel ...

Ma mère

Jacarandas, CDMX, México Querida Agnés: Tus palabras convierten un muro en mar y la mar en madre. Me conmueve pensar que arribaste al sitio donde has escrito La mer , para acompañar a tu madre en los meses previos a su muerte y que desde entonces todos los días te habita, cercana, impregnándote los sueños. Si yo hiciera un tránsito poético semejante al que tú has hecho, arribaría a una jacaranda. ¿Te he contado que en el patio de casa de mis padres hay dos jacarandas? Mis abuelos las plantaron cuando mi madre nació, y siguen ahí, sesenta y tantos años después. El teatro de mi memoria se erige en el espacio que se abre entre esos dos árboles: haciendo ochos en bicicleta entre los troncos; haciendo volar a mis hermanos en un enorme columpio que colgaba de una de las ramas; protegiéndonos todos de los embates del temblor del ochenta y cinco que hacían crujir la casa; escuchando a mi abuelo ensombrecerse días antes de su muerte, cuando en voz bajita y lastimera dijo: ...