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Mostrando las entradas de junio, 2018

Piratas, exploradores, cazadragones

Sin tí, Camilo no hubiera tenido esta infancia, mamá. ¡Si lo vieras con su amigo Gabriel! Son indios. Camilo: Semilla de bisonte y Gabriel: Yakari. Más tarde cazan dragones. Luego, son piratas, bailarines, y siempre, Camilo descubre, protege y nutre bebes: lobos, dragones, erizos. ¡Si lo vieras con su amiga Louise! Ella lo lleva en las olas, ella es sin miedo. Construyen castillos y ciudades, montan espectáculos con esplendidas escenografías. Son inmensamente libres. Juegan sin interrupción, con mucha seriedad. Me inspiran diario. "Niños, éramos pintor, botanista, escultor, arquitecto, explorador. ¿A dónde fue todo esto?" Bachelard.

Todo pasa

Hoy desperté, sábana en el piso. Camilo estaba pegado entre nosotros dos, el cabello húmedo. Calor. Nadar. Fueron mis primeros pensamientos, la primera manifestación de mi voluntad. Salí con prisa en bici. La playa estaba vacía. Entré sin dificultad. Me acostumbré a esta frescura. 20 grados quizá. Nadé, con movimientos largos. A cada respiración, una ola de felicidad. Lograr estar en el movimiento, en el agua, dejar de preocuparme por nimiedades. Las durezas del invierno toman sentido. La alegría tiene solidez, es dura como una roca. Ya pasó. Pasó el invierno. Veo, de nuevo, el campo infinito de los posibles.

Los recuerdos del porvenir

Capilla de San Felipe de Jesús, Septiembre 1946, México D.F. Querida Agnés:      Va adaptándose lentamente a la rutina del retiro. Escucha misa todos los días en la Medalla Milagrosa. Desayuna por cincuenta pesos en El sabor de mi tierra. Estudia cine y literatura autobiográfica en la Universidad de la Tercera Edad y aún dicta cátedra los sábados por la mañana en la Facultad de Ingeniería.      Hoy me invitó a desayunar. Me contó que recién encontró en una caja, en la bodega de la azotea, los tres números de Los recuerdos del porvenir , el periódico familiar que editó hace más de veinticinco años. Café en mano, leímos juntos sobre el pasado de la familia en Mérida, las haciendas, el negocio de henequén, las nanas mayas, los trajes de lino y las siestas en hamaca. Leimos que los abuelos se conocieron en la fiesta de la prima Eldita; que estuvieron separados meses, cuando sin que el abuelo lo supiera, la bisabuela mandó a su hija a un internad...

Walking away

Papá, Ciudad Universitaria, México "Sucede que me canso de ser hombre" Pablo Neruda Agnés:      Quedamos de encontrarnos para escuchar cuentos. Llegué a la cita un poco antes, cuando él todavía no me esperaba. Sin proponérmelo me encontré frente a una versión de tu ejercicio de escritura: Mirar por un momento a alguien que no advierte mi presencia. Escribir sobre esta vigilancia.      Este rostro me traspasa.      Lleva un dolor a cuestas.      Hay una zona apagada de su espíritu.      Hay una grieta por la que a ese cuerpo se le escapa la energía.      A ese hombre se le perdieron años y le sobran horas.      Pá. Papá. Me conmueve verte recargado en esa pared como si fueras un niño extraviado. Estoy tan cerca y sin embargo no notas que estoy frente a ti. Puedo tocar tu cansancio, tu soledad, tu tristeza.       Aquí estoy. Aquí...

Risas en rojo

Adoro esta foto. Sigo sin creer que soy madre. Qué maldita responsabilidad. Le tengo que mostrar a Camilo la belleza de este mundo. Vivo en el temor de que algún día, me reproché haberlo traido aquí, a la vida. Sigo pensando que es un acto sádico, el traer otro a este juego. ¿Todo esto, esta belleza, este amor, la música, sabiendo que un día se nos lo arrancarán? La mayor crueldad en un amor tan grande. Es un amor tan inmenso, tan lleno de sufrimiento. Estos días, no ando ligera. Tengo ganas de regresar a casa, jugar a cazar dragones, a ser pirata. Tengo ganas de preparar una merienda y tomar su mano para brincar sobre las olas, ganas de sus risas y sus preguntas.

Almas grises

Querido Arturo, Tomé algunos días para viajar sola a una ciudad querida, Marseille, en el sur de Francia. Es un puerto, un caos francés, una ciudad de mestizajes. Me siento en casa. Estos días de soledad total me son necesarios varias veces al año. No son días alegres o de aventuras. Son días en los que me suelto en la tristeza, me dejo caer sola y sin límites. Leo con avidez. Escribo mucho, voy al cine una o dos veces al día. Y así, paulatinamente, retomo fuerzas, energía y regreso al sol. Llevo una tristeza en el alma y sólo dejando de vez en cuando que desborde, puedo evacuarla, como las aguas grises. Foto y montaje de Chimi