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Mostrando las entradas con la etiqueta Francia

Piratas, exploradores, cazadragones

Sin tí, Camilo no hubiera tenido esta infancia, mamá. ¡Si lo vieras con su amigo Gabriel! Son indios. Camilo: Semilla de bisonte y Gabriel: Yakari. Más tarde cazan dragones. Luego, son piratas, bailarines, y siempre, Camilo descubre, protege y nutre bebes: lobos, dragones, erizos. ¡Si lo vieras con su amiga Louise! Ella lo lleva en las olas, ella es sin miedo. Construyen castillos y ciudades, montan espectáculos con esplendidas escenografías. Son inmensamente libres. Juegan sin interrupción, con mucha seriedad. Me inspiran diario. "Niños, éramos pintor, botanista, escultor, arquitecto, explorador. ¿A dónde fue todo esto?" Bachelard.

Todo pasa

Hoy desperté, sábana en el piso. Camilo estaba pegado entre nosotros dos, el cabello húmedo. Calor. Nadar. Fueron mis primeros pensamientos, la primera manifestación de mi voluntad. Salí con prisa en bici. La playa estaba vacía. Entré sin dificultad. Me acostumbré a esta frescura. 20 grados quizá. Nadé, con movimientos largos. A cada respiración, una ola de felicidad. Lograr estar en el movimiento, en el agua, dejar de preocuparme por nimiedades. Las durezas del invierno toman sentido. La alegría tiene solidez, es dura como una roca. Ya pasó. Pasó el invierno. Veo, de nuevo, el campo infinito de los posibles.

Risas en rojo

Adoro esta foto. Sigo sin creer que soy madre. Qué maldita responsabilidad. Le tengo que mostrar a Camilo la belleza de este mundo. Vivo en el temor de que algún día, me reproché haberlo traido aquí, a la vida. Sigo pensando que es un acto sádico, el traer otro a este juego. ¿Todo esto, esta belleza, este amor, la música, sabiendo que un día se nos lo arrancarán? La mayor crueldad en un amor tan grande. Es un amor tan inmenso, tan lleno de sufrimiento. Estos días, no ando ligera. Tengo ganas de regresar a casa, jugar a cazar dragones, a ser pirata. Tengo ganas de preparar una merienda y tomar su mano para brincar sobre las olas, ganas de sus risas y sus preguntas.

Almas grises

Querido Arturo, Tomé algunos días para viajar sola a una ciudad querida, Marseille, en el sur de Francia. Es un puerto, un caos francés, una ciudad de mestizajes. Me siento en casa. Estos días de soledad total me son necesarios varias veces al año. No son días alegres o de aventuras. Son días en los que me suelto en la tristeza, me dejo caer sola y sin límites. Leo con avidez. Escribo mucho, voy al cine una o dos veces al día. Y así, paulatinamente, retomo fuerzas, energía y regreso al sol. Llevo una tristeza en el alma y sólo dejando de vez en cuando que desborde, puedo evacuarla, como las aguas grises. Foto y montaje de Chimi

Tiempos de revolución

Llevo una semana fuera de la isla. Casi una semana  en casa de mi padre, Camilo y yo. Mi abuelo era coleccionista de obras de arte y mi padre ha retomado esta pasión. Cada semana recibe el catálogo de ventas de obras significantes en Francia. Lo leo también con mucho interés aunque nuestros gustos en materia de arte son muy diferentes. De repente, ví, anunciada en más chiquito, la venta de unos posters del 68, al día siguiente. Me emocioné. Vayamos . No quería tanto ir a la venta sino a la exposición de las obras, unas horas antes de la venta. Al ver la imagen en el catálogo pensé: "tengo que mostrar esto en México". Me recordó de inmediato el trabajo del Taller de Gráfica Popular.  Temprano, al día siguiente, maneje el coche hasta Paris, con Camilo y mi padre. Por el tráfico y otras aventuras era demasiado tarde para la exhibición. " Tengo que ir a la venta ". Atravesé la ciudad, en metro, con Camilo. En la sala de ventas, había poca gente visible. Cinco co...