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Mostrando las entradas con la etiqueta noviembre

American prophecy

Barrio Chino, San Francisco, Estados Unidos Agnés:      Desde hace años los profetas hablan, pero fueron ignorados, pues no eran de esta tierra.      Llevamos meses asomándonos con perplejidad a los signos de las viejas profecías. Nos dijeron que si teníamos ojos, viéramos; que si teníamos oídos, escucháramos.      ¿Pero, dónde es que había que poner la mirada?      ¿En qué palabra se ocultaba la verdad?      Una niebla asfixiante se esparce por el mundo. En el rostro de cada uno se ha instalado la impresión de que algo, para siempre, se ha perdido.      En la tele afirman que no hay nada que hacer; que no supimos actuar a tiempo. La sombra está aquí, proclaman las redes. Y avanza hacia nosotros. Abrazos de madrugada, a un año de la elección de Donald Trump Arturo

Mirar

Calle del Arco, Antigua, Guatemala Agnés:      Miro con atención flotante, sin intención, sin rumbo.      Miro desde mí, desde un punto único en el espacio y el tiempo. Soy más yo cuanto más miro. Los otros son más los otros .      Miro en soledad. Dialogo con el otro que me habita a partir del tema que la mirada recoge.      La mirada busca, quiere encontrar una estampa de armónico desequilibrio.      La mirada es puente entre la anticipación y la sorpresa. Se nutre de lo inesperado. Tiene hambre de asombro.      La mirada se deleita en los colores, las formas, los planos.      La mirada goza cuando hay una historia que descifrar.      La mirada es un túnel que conecta el escenario del presente y la covacha del pasado. De ida: no olvidamos lo que nos ha deslumbrado. De vuelta: miramos desde la memoria.      Al final, somos una colecció...

Altar de muertos

Palacio Municipal, Tepoztlán, México Agnés:      Mientras atestiguas la mezcla de temor y reverencia que acompaña a la mujer del catamarán cada vez que regresa a la isla, en Tepoztlán se extraña la ligereza del humor de catrinas y calaveras con el que suele vivirse el día de muertos. Frente al Palacio Municipal la muerte se ha instalado con un halo siniestro.      Tu Día de Muertos me hizo darme cuenta de cuán poco pienso en mis muertos. Hay quizá algo en la forma en que se fueron que me dificulta ligar su memoria al naranja encendido del cempasúchil o al arenoso tacto del pan de muertos:            Mauricio, el hermano de mi mejor amigo de la infancia, se suicidó cuando tenía doce años y yo apenas dos años más. Aquella mañana en que sonó el teléfono en mi casa y mi mamá recibió la noticia con un aspaviento, me enfrenté, acaso por primera vez, a la experiencia de lo incomprensible. En el velorio me puse al l...

Cantar

Canto en un coro de la isla (hay cinco coros, en una población de cinco mil personas). El año pasado preparamos el Gloria y el Magnificat de Vivaldi. Dos piezas complicadas. Cantamos con otro coro del continente y una orquesta barroca. La aventura que vivo con ellos es inesperada, mágica. El grupo es impertinente, inculto, intuitivo, entusiasta, trabajador. Casí nadie lee música, casí todos tienen un oído, una memoria y un sentido musical excepcional. Gina trabaja de cajera en el super, Pascal y Jean son jardineros, Olivier arregla bicicletas, Manue lava trastes en una creperia. Laurent conduce el coro, trabaja en los barcos. No hay entre nosotros relaciones sociales sino musicales. Son a veces tensas, otras veces amorosas, siempre apasionadas. La música ha llenado mis inviernos. Jueves en la noche, Sábado casi todo el día. A medida que se va acercando el mes de abril, mes del concierto, la música se va a volver una obsesión. Me va a despertar, cansar, agotar. Me expan...

Día de muertos

Acabamos de tener dos semanas de vacaciones. Coinciden con el Día de muertos y de los Santos, aunque pocos celebren estos días. En Francia poca gente va al cementerio, poca gente a la iglesia. En la isla me ha sorprendido que el cementerio este siempre abierto. De camino a la escuela de Camilo, al ritmo de la bicicleta, siempre saludo a los muertos con una mirada. La reja grande y abierta deja entrever flores que cargan las tumbas. Ahora para muertos me recuerda el panteón de San Bartolo Ameyalco, el pueblito donde vivimos un poco más de un año, en la franja de la Ciudad de México. Hay más flores que de costumbre, crisantemos amarillos y rojo oscuro. En las tumbas se repiten los mismos apellidos, se repiten causas de muerte: "desaparecido en el mar". Es un dolor presente, vivo. Todas las familias tienen a un hijo, un hermano, un sobrino, un hombre que no regresó de su trabajo en el mar. No es algo que pertenezca al pasado. Sigue sucediendo que alguien se muera en el mar....