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Mostrando las entradas con la etiqueta Mer

La dicha inicua...

Plataforma, Roatán, Honduras Querida Agnés: Nadan. Juegan. Bucean. Se desafían. Vuelan. Se muestran. Contemplan. Saludan. Descansan. Se broncean. Platican. Fuman. Se enamoran. Sueñan. Pierden el tiempo. Tienen el tiempo para perder el tiempo. Tienen juventud y fuerza, e infinidad de anhelos. Para ellos la vida es aquí y ahora; el mundo, un territorio abierto, sin límites; y, el futuro, una promesa inabarcable. En esta lluviosa mañana de septiembre, mientras reflexiono sobre tu tiempo robado y me dispongo a abordar la lista de pendientes de trabajo que se antoja interminable, recuerdo con cierta nostalgia el día en que capturé a aquellos muchachos a través de la mirilla de la cámara, pies descalzos sobre la arena. Aquel que fui tenía la sabia virtud de conocer el tiempo , como la llamó Renato Leduc. Años después me pregunto si este que soy, aún la conserva. 

La mer

Querido Arturo, No he podido dejar de pensar en tu pared. No he dejado de pensar en tus palabras sobre esta parte de tu cotidiano, estos números que se agregan, la anonimidad, la extrañeza que al repetirse termina creando familiaridad. Pienso en las paredes de nuestra isla: son paredes de piedras viejas, paredes enlucidas con cal, escasas paredes de cemento con graffiti del famoso -al menos en Francia- M. Chat. Paredes de postales. Hay otra pared. Una inmensa, terrible, horizontal. Siempre está. Ahí. Siempre otra. A veces se erige furiosa, otras veces, es la calma de un espejo. Muchos la ven como una puerta, abre mundos: navegan, pescan, le siguen el movimiento.  A mí me encierra, me contiene, me concentra. Me intimida. Muchas veces la ignoro para que me deje en paz. En verano cuando nado casi todos los días, no dejo de pensar que una de sus criaturas me va a agarrar el pie y jalarme hasta el fondo. ¿Sabías que en francés, la madre y la mar son hom...