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Mostrando las entradas con la etiqueta muerte

El final, el principio

Restos, Torres del Paine, Chile      Agnés:      Mañana es mi cumpleaños cuarenta y cinco. Quizá sea esta marca arbitraria, o, tal vez, la consabida melancolía cumpeañera, las que me llevan hasta un lugar común: al final, vamos a morir.      Nuestra existencia: esta inexplicable casualidad cósmica, este destello entre oscuridades. Pero una cosa es comprenderlo en abstracto, y otra, es vivenciar el vértigo que entraña esa certeza.      Quizá el sitio donde yo he tenido la intuición más clara de esta precariedad sea la experiencia amorosa: lo imprescindibles que me resultan aquellos a quienes amo; la imperante necesidad de cercanía que experimento; el desgarramiento que he sufrido cuando una separación se ha hecho inevitable.      En el camino he terminado por aceptar que nada puede ser retenido: aquello a lo que nos aferramos corre el riesgo de morir asfixiado. La discontinuidad es necesaria...

Altar de muertos

Palacio Municipal, Tepoztlán, México Agnés:      Mientras atestiguas la mezcla de temor y reverencia que acompaña a la mujer del catamarán cada vez que regresa a la isla, en Tepoztlán se extraña la ligereza del humor de catrinas y calaveras con el que suele vivirse el día de muertos. Frente al Palacio Municipal la muerte se ha instalado con un halo siniestro.      Tu Día de Muertos me hizo darme cuenta de cuán poco pienso en mis muertos. Hay quizá algo en la forma en que se fueron que me dificulta ligar su memoria al naranja encendido del cempasúchil o al arenoso tacto del pan de muertos:            Mauricio, el hermano de mi mejor amigo de la infancia, se suicidó cuando tenía doce años y yo apenas dos años más. Aquella mañana en que sonó el teléfono en mi casa y mi mamá recibió la noticia con un aspaviento, me enfrenté, acaso por primera vez, a la experiencia de lo incomprensible. En el velorio me puse al l...

Día de muertos

Acabamos de tener dos semanas de vacaciones. Coinciden con el Día de muertos y de los Santos, aunque pocos celebren estos días. En Francia poca gente va al cementerio, poca gente a la iglesia. En la isla me ha sorprendido que el cementerio este siempre abierto. De camino a la escuela de Camilo, al ritmo de la bicicleta, siempre saludo a los muertos con una mirada. La reja grande y abierta deja entrever flores que cargan las tumbas. Ahora para muertos me recuerda el panteón de San Bartolo Ameyalco, el pueblito donde vivimos un poco más de un año, en la franja de la Ciudad de México. Hay más flores que de costumbre, crisantemos amarillos y rojo oscuro. En las tumbas se repiten los mismos apellidos, se repiten causas de muerte: "desaparecido en el mar". Es un dolor presente, vivo. Todas las familias tienen a un hijo, un hermano, un sobrino, un hombre que no regresó de su trabajo en el mar. No es algo que pertenezca al pasado. Sigue sucediendo que alguien se muera en el mar....

El hilo de la telaraña

Querido Arturo, Aquí duermo bien. Aunque todo se mueve constantemente alrededor mío -olas, viento, nubes-, la tierra, bajo mis pies, es firme.  Respiro. Hoy, escuché -después de dos años de intentar- el primer movimiento de la sonata Arpeggione de Schubert. Lo escuchaba mi madre en sus últimas semanas de vida, constantemente. Quiso que esta pieza acompañara su cuerpo en la iglesia. Encontré esperanza, caminos inexplorados, enigmas, respuestas. Uno se tarda. Paciencia, paciencia. Los foros de mis seminarios en línea, Arturo, se han transformado en un espacio bello, vivo, conmovedor. Leo testimonios tristes, fuertes, compasión, humor, determinación. Veo crecer un espíritu que tengo ganas de abrazar para darle consuelo.  Diario hemos hablado con amigos, familia, en México. Sus voces cansadas, veladas. Siento electricidad en el aire, manos sudadas. Rabia. Frustración. Tristeza.  ¡Nuestros barrios, amigos, hermanos! Descansen en paz. Des...

El mismo sitio, el mismo día

Gabriel Mancera y Eugenia, CDMX, México. Queridos:      Esta carta irrumpe en la cadencia de idas y vueltas que acordamos para este ejercicio. Pero la normalidad que prevalecía hasta la semana pasada ha sido quebrada por el temblor que partió la ciudad, justo el 19 de septiembre, como si una sincronía siniestra operara el universo. Así que abierta una grieta en la cotidianidad, vengo aquí a ponerle palabras al espanto, en franco acto de subsistencia...      Estaba fuera del país cuando tembló. Y a pesar de que "los míos" la habían librado, para la noche de ese mismo día me encontraba asfixiado en mi cuarto de hotel: perplejo, preocupado, y, a la distancia, con una tremenda sensación de impotencia y exclusión. Transitando el insomnio conseguí discriminar que todo eso que sentía tenía más que ver con la reemergencia del fantasma del 85 que con la catástrofe que palpitaba a esas horas en las calles de la ciudad.      En aquel ...

Ma mère

Jacarandas, CDMX, México Querida Agnés: Tus palabras convierten un muro en mar y la mar en madre. Me conmueve pensar que arribaste al sitio donde has escrito La mer , para acompañar a tu madre en los meses previos a su muerte y que desde entonces todos los días te habita, cercana, impregnándote los sueños. Si yo hiciera un tránsito poético semejante al que tú has hecho, arribaría a una jacaranda. ¿Te he contado que en el patio de casa de mis padres hay dos jacarandas? Mis abuelos las plantaron cuando mi madre nació, y siguen ahí, sesenta y tantos años después. El teatro de mi memoria se erige en el espacio que se abre entre esos dos árboles: haciendo ochos en bicicleta entre los troncos; haciendo volar a mis hermanos en un enorme columpio que colgaba de una de las ramas; protegiéndonos todos de los embates del temblor del ochenta y cinco que hacían crujir la casa; escuchando a mi abuelo ensombrecerse días antes de su muerte, cuando en voz bajita y lastimera dijo: ...