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Mostrando las entradas con la etiqueta Bogotá

La ciudad

Bogotá desde la Calera, Colombia      Agnés:       Este proyecto epistolar está salpicado de tu vida en la isla. Concibo a veces la vida en la isla como una extensión de la vida nómada del viaje. Idealizo la naturaleza, el aire limpio, la vida sencilla y el tiempo para lo que importa. Es imposible no pensar que esa vida está impregnada de libertad.      Confieso, sin embargo, que yo estoy hecho a la vida de la ciudad. Me gusta sentarme en los cafés. Disfruto los parques y los restaurantes. Y los puestos de tacos y quesadillas. Y el mercado. Y los comercios y los cines y el teatro. Me gusta caminar las calles de ciertos barrios, sus casas y sus árboles.      Desde luego sé que la ciudad no vive esta vida mía que disfruto, en buena medida, porque he logrado circunscribirla a un área de treinta calles al cuadrado (¡una isla!). Para la mayoría de la gente, la ciudad es acelerada, caótica, abigarrada, asfixia...

Todos somos Jara

Bogotá, Colombia      Querida Agnés:      Llegan todos al unísono: músicos, juglares y cirqueros. Hacen de la plaza su escenario. La llenan de vértigo, de cantos. Porque sí, porque es domingo, porque el cuerpo goza, porque el sol calienta y la brisa refresca. Porque somos nosotros y la vida no espera.      Pero alguien se queja. Alguien que se cree dueño de la plaza. Alguien que sostiene que no hay espacio para los diferentes: los tatuados, los zarrapastrosos, los comunistas, los maricas y los que se besan en la calle con desparpajo.      Los policías no tardan. Desalojan. Y ahí, en plena rebambaramba, uno lanza su protesta: traza en el aire un blanco arco malabar con su consigna libertaria.      Pienso que es cierto: "los tiranizados por su propio yugo buscan su liberación sometiendo al otro, de ahí que los espíritus libres les sean tan amenazantes".      Vienen a m...

"¿Encontraría a la Maga?"

Bogotá, Colombia Agnés:      Me gusta lo que dices sobre cómo Call me by your name te permitió reconocer en ti los sentimientos de la experiencia de un gran amor. Suscribo lo que ahí propones: cada historia de amor nace y se desarrolla atravesada por la sensibilidad de su tiempo. El destino de una relación depende tanto de la hondura del deseo de los amantes, como de las circunstancias que la contienen.      La manera en que hablas de la película me lleva arbitrariamente a Rayuela. En mi mente está grabada con fuego la voz de Cortázar recitando con su acento franco-argentino el capítulo siete:        "Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, j...