Agnés: Levanto a Paloma en mis brazos y le digo “Pájaro, ¿Quién es mi pájaro?”; “Me…”, contesta . Luego, mientras la cargo, distraído, se lanza en un arco para atrás, hacia el vacío. Hago malabares para evitar que se parta en dos. S e muere de risa de mi cara de susto. Me dice: “ ¡ Again! ”. Ella no tiene duda de que la cacharé, cada vez. Su confianza me deja asombrado y perplejo. Florencia se trepa cual chango en mis hombros. “ Taxi ”, dice. Ella también asume que la llevaré, no importa cuan lejos la distancia. O a los cuatro años ´ gravedad´ y ´peso´ aún son nociones abstractas, o bien, los niños de esa edad son ajenos a la empatía. Me he resignado además a la calvicie prematura: mi p elo hace las veces de brida o volante. Basta con que Florencia se siente sobre mí, para que Paloma proteste: “¡No, me!”, grita con estridencia. Otras veces dice: “ ¡...