Agnés: Doce balazos. De ese tamaño el diagnóstico que acaban de entregarme sobre mi vieja rodilla futbolera. El doctor afirma que, aunque no lo sienta ahora, esa rodilla me tiene reservada mucha amargura. Si quiero esquivar ese sufrimiento, algún día tendrán que implantarme una prótesis. Por lo pronto, en los próximos nueve meses, debo someterme a dos operaciones para estabilizar la rodilla y parar el daño. Puedo lidiar con el fastidio de las operaciones. Puedo lidiar con la frustración que todo esto me provoca. Sin embargo, lo que me está costando llevar a cuestas es la certeza de que nunca más podré echar una cáscara o patear una pelota. Disfunción y enfermedad escriben con el lenguaje de lo definitivo. El ´nunca más´ es un antídoto potente para disolver la omnipotencia. Puede sonar exagerado, pero hasta cierto punto vivo esto como si un fragmento fantasmal de mi propio cadáver se me hu...