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Mostrando las entradas con la etiqueta Florencia

Mis niñas

     Agnés:       Levanto a Paloma en mis brazos y le digo “Pájaro, ¿Quién es mi pájaro?”; “Me…”, contesta . Luego, mientras la cargo, distraído,  se lanza en un arco para atrás, hacia el vacío. Hago malabares para evitar que se parta en dos. S e muere de risa de mi cara de susto. Me dice: “ ¡ Again! ”. Ella no tiene duda de que la cacharé, cada vez. Su confianza me deja asombrado y perplejo.        Florencia se trepa cual chango en mis hombros. “ Taxi ”, dice. Ella también asume que la llevaré, no importa cuan lejos la distancia. O a los cuatro años ´ gravedad´ y ´peso´ aún son nociones abstractas, o bien, los niños de esa edad son ajenos a la empatía. Me he resignado además a la calvicie prematura: mi p elo hace las veces de brida o volante.      Basta con que Florencia se siente sobre mí, para que Paloma proteste: “¡No, me!”, grita con estridencia. Otras veces dice: “ ¡...

El jardín de la felicidad

Florencia y Camilo, Tepoztlán, México Agnés:        Leyendo tu Jabón de la felicidad se me ocurre que nada hay de arbitrario en el hecho de que la religión judeocristiana haya concebido el paraíso como un jardín: verdes praderas, aire fresco, sol, manantiales, criaturas, matas, flores, hombre y mujer. Y manzanas, nueces e higos.           Y bancas para sentarse a ver pasar el tiempo, y crayones de colores y lienzos para ensayar formas traviesas y libros queridos para leer sin prisa.      El que el aroma de Rosa Venus habite ya en la mente infantil de Camilo, da sentido a la idea de que como papás, acaso no hay tarea más importante que construir para los hijos un "jardín de la felicidad": un sitio en su interior --una memoria, un núcleo sagrado--, al que puedan regresar siempre para recobrar el aliento, reencontrarse con lo esencial y transitar con confianza la vida.      Sin duda: tan...