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Mostrando las entradas con la etiqueta niñez

Romance con la pelota

Granada, Nicaragua      Agnés:        Mi infancia no tuvo tanto que ver con dragones, piratas y exploradores. Lo mío fue la radio, la bicicleta, y, sobre todo, la pelota. En medio de la fiebre futbolera del mundial, recién leí la "Carta a mí mismo de pequeño" de Edinson Cavani, delantero de la selección uruguaya. ¿La has leído? En ese texto se respira la misma esencia de la frase de Bachelard con que cerraste tu última carta.      Del futbol lo que más recuerdo son unas cascaritas de mi infancia y adolescencia en la cancha del Timbirimbo. Un campo en un sitio improbable --en medio de un claro de bosque-- en donde, en vez de espectadores, hay enormes árboles.      Mi papá tenía la costumbre de retar a los lugareños a jugar contra nosotros. Jugábamos, cada vez, mi papá, Carla, Carlos, Ernesto y yo contra siete u ocho jóvenes que nos sacaban varios años y centímetros. Los Peón contra el resto del mundo. Aquellos jue...

Piratas, exploradores, cazadragones

Sin tí, Camilo no hubiera tenido esta infancia, mamá. ¡Si lo vieras con su amigo Gabriel! Son indios. Camilo: Semilla de bisonte y Gabriel: Yakari. Más tarde cazan dragones. Luego, son piratas, bailarines, y siempre, Camilo descubre, protege y nutre bebes: lobos, dragones, erizos. ¡Si lo vieras con su amiga Louise! Ella lo lleva en las olas, ella es sin miedo. Construyen castillos y ciudades, montan espectáculos con esplendidas escenografías. Son inmensamente libres. Juegan sin interrupción, con mucha seriedad. Me inspiran diario. "Niños, éramos pintor, botanista, escultor, arquitecto, explorador. ¿A dónde fue todo esto?" Bachelard.

Los dioses deben estar locos

Santiago Atitlán, Guatemala Agnés:      El pequeño pueblo, la gran ciudad; ser nómada o sedentario; definirse frente a la otredad; regodearse o asfixiarse en lo propio; acogerse a lo real cotidiano o aspirar a lo desconocido tan proclive a la idealización. En tus Pueblo Chico y Un gran viaje habla por todos lados la inquietud identitaria cuya marea periódicamente te inunda.       Quizá no sea azaroso que en el proceso de aprehender el contrapunto del que hablas en tus cartas haya vuelto a mí esta estampa. ¿Se lee en la tensión de dos mundos que se encuentran la señal de un dios benevolente o la maldición de un ángel distraído?       Regreso a la imagen. Para estas niñas todo se resume en la emoción de saltar tomadas de la mano. ¡Qué maravilla sería poder desenterrar de la memoria el momento justo en qué por primera vez volamos ligeros sobre una cama elástica, y poder plantearnos cada recomienzo desde ese sitio de...

Mis niñas

     Agnés:       Levanto a Paloma en mis brazos y le digo “Pájaro, ¿Quién es mi pájaro?”; “Me…”, contesta . Luego, mientras la cargo, distraído,  se lanza en un arco para atrás, hacia el vacío. Hago malabares para evitar que se parta en dos. S e muere de risa de mi cara de susto. Me dice: “ ¡ Again! ”. Ella no tiene duda de que la cacharé, cada vez. Su confianza me deja asombrado y perplejo.        Florencia se trepa cual chango en mis hombros. “ Taxi ”, dice. Ella también asume que la llevaré, no importa cuan lejos la distancia. O a los cuatro años ´ gravedad´ y ´peso´ aún son nociones abstractas, o bien, los niños de esa edad son ajenos a la empatía. Me he resignado además a la calvicie prematura: mi p elo hace las veces de brida o volante.      Basta con que Florencia se siente sobre mí, para que Paloma proteste: “¡No, me!”, grita con estridencia. Otras veces dice: “ ¡...

Reguek

El deseo del hombre es el deseo del otro   Jaques Lacán Agnés:      Yo le digo que tiene sangre de elfo. Que nació en otro planeta. Se lo digo medio en serio, medio en broma, cuando nuestras diferencias nos conducen a algún desencuentro. Después de varios años, a pesar de mi racionalismo materialista, he llegado a aceptar que tiene cierto don para la comunicación esotérica.      Cuando era pequeña, Reguek era su mejor amigo. Un niño travieso, libre. Se desvelaba por las noches y nunca hacía la tarea. No recogía su ropa, ni tendía su cama, y cuando no quería ir a la escuela, se quedaba en pijama en la casa todo el día, viendo televisión. Él podía hacer todo lo que a ella no le permitían.       Años más tarde conoció a Capitan George , un niño juguetón y aventurero que saltó la barda de su casa en Cotopaxi y le prometió que la visitaría siempre que ella lo deseara.  En el sentimiento cálido que ondulaba en la v...

MAX

Camilo y yo estabamos en casa juntos, una tarde. Disfrutabamos de unas horas deliciosas, platicando, inventando historias, dibujando.  "¿Ahora qué dibujo?" me pregunta.  "¡tu familia!".  "¡Mira! Papa, Mama, Camilo, y Max".  No recuerdo cuando apareció pero lleva un rato. Más de un año, seguro. Nos sorprendió un poco. ¿Qué hacer de Max? Cierto, de niña yo tuve un caballo que me acompañaba por toda la casa. También hadas minusculas y ratoncitos. Guardaba a todos en el secreto. Max tiene su lugar y nos lo recuerda Camilo. Juntos juegan a cazar dragones. Max cuida los bebes lobos. Se protegen mutuamente de los malos. También juegan a la pelota. A veces Max no está porque se fue a tomar el barco, se va a México. Me preocupaba pensar que Camilo no iba a tener hermanos, que se fuera a sentir sólo, abandonado. Aquella tarde, cuando ví el dibujo de Camilo, entendí que él había encontrado ya las herramientas para sentirse acompañado, para jugar co...

El vuelo de Eros

Niño, Tacuatí, Paraguay Queridos:      Hay algo en nuestras últimas cartas que delata la presencia de los niños en nuestra vida. Florencia, Camilo, Paloma, asomándose por todos lados...      Acaso ser padre no sea más que la oportunidad de regresar a la infancia desde otro sitio. Comprender eso que en parte se nos pasó de largo entonces, ocupados como estábamos en crecer.       Es esa segunda vuelta la que me trajo hasta esta imagen.      Quizá algo de lo que nos define como especie es el chispazo que nos lleva a cerrar la brecha entre lo que es posible y lo que, en un momento dado, aún no lo es.      Me conmueve el coraje de los niños, que sin parpadear y de contado, pagan el dolor de mil caídas con tal de experimentar la levedad del equilibrio en dos ruedas.      Me parece natural que de caída en caída aprendamos a defendernos, unas veces para evitar las lastim...

El jardín de la felicidad

Florencia y Camilo, Tepoztlán, México Agnés:        Leyendo tu Jabón de la felicidad se me ocurre que nada hay de arbitrario en el hecho de que la religión judeocristiana haya concebido el paraíso como un jardín: verdes praderas, aire fresco, sol, manantiales, criaturas, matas, flores, hombre y mujer. Y manzanas, nueces e higos.           Y bancas para sentarse a ver pasar el tiempo, y crayones de colores y lienzos para ensayar formas traviesas y libros queridos para leer sin prisa.      El que el aroma de Rosa Venus habite ya en la mente infantil de Camilo, da sentido a la idea de que como papás, acaso no hay tarea más importante que construir para los hijos un "jardín de la felicidad": un sitio en su interior --una memoria, un núcleo sagrado--, al que puedan regresar siempre para recobrar el aliento, reencontrarse con lo esencial y transitar con confianza la vida.      Sin duda: tan...

El jabón de la felicidad

Estabamos en Marsella, pocos dias antes del temblor. Una amiga nos habia dejado su casa mientras se encontraba de viaje. Ella habia regresado a Francia un mes antes, despues de tres años de vivir en Mexico. Me lavé las manos. En un instante me encontré en la playa. Me inundó una felicidad plena, inmediata. Busqué arriba del escusado, en unas canastas repletas de toallas de algodón. Ahi el tesoro. Tome un jabon Rosa Venus, del tamano de la palma de mi mano. Lo metí a mi bolsillo. La isla ahora se quedó vacía de los "turistas", los que tienen una casa que sólo ocupan para las vacaciones. Con las casas desiertas se quedan jardines maravillosos. Trabajar en el jardín es el pasatiempo favorito de los franceses. Incluso los mas ricos se encargan ellos mismo de sus flores, podar sus arboles, esparcir el abono, arrancar la maleza. En estas tardes de otono, nuestro pasatiempo favorito es aventurarnos en estos jardines. Como si fueran nuestros nos instalamos en sus bancas. Llenamo...