Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta tiempo

La dicha inicua...

Plataforma, Roatán, Honduras Querida Agnés: Nadan. Juegan. Bucean. Se desafían. Vuelan. Se muestran. Contemplan. Saludan. Descansan. Se broncean. Platican. Fuman. Se enamoran. Sueñan. Pierden el tiempo. Tienen el tiempo para perder el tiempo. Tienen juventud y fuerza, e infinidad de anhelos. Para ellos la vida es aquí y ahora; el mundo, un territorio abierto, sin límites; y, el futuro, una promesa inabarcable. En esta lluviosa mañana de septiembre, mientras reflexiono sobre tu tiempo robado y me dispongo a abordar la lista de pendientes de trabajo que se antoja interminable, recuerdo con cierta nostalgia el día en que capturé a aquellos muchachos a través de la mirilla de la cámara, pies descalzos sobre la arena. Aquel que fui tenía la sabia virtud de conocer el tiempo , como la llamó Renato Leduc. Años después me pregunto si este que soy, aún la conserva. 

Un tiempo robado

Querido Arturo, He luchado, desde la última entrega. Pensar, escribir, escarbar, editar, escoger, cambiar una palabra, jugar.  No encuentro mi tiempo. Un tiempo robado a las tareas domésticas, a la repetición de los días, al cansancio. Quisiera dormir menos e instalar un tiempo sagrado. Pensé en la vida de tu madre, en la misma casa, toda su vida, en estos árboles que ha visto crecer como metáforas de su propio crecimiento. Su casa como un gran cuarto propio . Encuentro algo de tiempo. Minúsculo como esta charola. Dura dos tazas de té caliente, una siesta inesperada. Una conspiración benevolente.  El verano aquí no es somnoliento. Hay que estar afuera. Hay que preparar el invierno: absorber la luz, trabajar intensamente porque el invierno sí será más lento. Espero el final del verano con cierta impaciencia. Recobrar tiempo. Imaginar mi cuarto propio.