Extrañamente estamos más pendientes de la política mexicana que de la francesa. Es un espacio nuestro, privado, intenso. Me pregunto si el país sigue de pie, si sigue funcionando, si son sus últimas respiraciones. La tensión es tal entre lo inimaginable que sigue sucediendo y la racionalización de esta violencia que es difícil encontrar caminos para la resolución de la situación del país. Por un lado, una parte de los ciudadanos busca entender lo imposible, por otra, el grupo de los que siguen violentando el país. Cada semestre, en la universidad donde trabajo en México, un estudiante propone una tésis sobre la política mexicana contemporánea, las nuevas conceptualizaciones de la violencia, la narcodelincuencia, la relación dramaturgia-narco-secularización. El esfuerzo por querer entender es lo que nos protege de la desesperanza total. Encuentro imposible entender, imposible resolver. ¿Qué podemos hacer?