Querido Arturo, Tomé algunos días para viajar sola a una ciudad querida, Marseille, en el sur de Francia. Es un puerto, un caos francés, una ciudad de mestizajes. Me siento en casa. Estos días de soledad total me son necesarios varias veces al año. No son días alegres o de aventuras. Son días en los que me suelto en la tristeza, me dejo caer sola y sin límites. Leo con avidez. Escribo mucho, voy al cine una o dos veces al día. Y así, paulatinamente, retomo fuerzas, energía y regreso al sol. Llevo una tristeza en el alma y sólo dejando de vez en cuando que desborde, puedo evacuarla, como las aguas grises. Foto y montaje de Chimi