Desde que hemos llegado a la isla, no he parado de escribir. Me ha permitido tejerme un rincón, un refugio, mi cuarto propio. He retomado la escritura a mano, llenando cuadernos, bordando frases en tela, trazando palabras en la arena, estrenando pluma fuente, jugando con cursivas, delineando. Encuentro un placer intenso y claro en la escritura. Lo que más disfruto es seguramente el juego de inventar un texto y trabajarlo hasta que ande solito. Lo veo como un mecanismo de relojeria. Una vez que funciona el mecanismo, todavía quedan posibilidades infinitas de cambiar piezas, encontrar la palabra más pertinente para el equilibrio o desequilibrio. Es tan difícil y apasionante el ejercicio de renunciar, escoger un camino sobre otro.
Te cuento que estoy participando en un taller de escritura; ahora trabajamos justamente sobre texto e imagen. Me apasiona. Cuando siento que ya está un texto, me siento alineada con los astros.
¿Cómo vives tú, este gesto de escribir?
Te mando un gran abrazo. Acabamos de pasar por una tempestad fuerte, pero hoy se tranquilizó todo y el cielo da promesas azules y claras.
Te cuento que estoy participando en un taller de escritura; ahora trabajamos justamente sobre texto e imagen. Me apasiona. Cuando siento que ya está un texto, me siento alineada con los astros.
¿Cómo vives tú, este gesto de escribir?
Te mando un gran abrazo. Acabamos de pasar por una tempestad fuerte, pero hoy se tranquilizó todo y el cielo da promesas azules y claras.
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